sábado, 7 de enero de 2012

Sobre la reflexión de la propia práctica

Quisiera compartir con uds. un fragamento del libro "Historias del aula" de Charlie López, que me pareció excelente y en el cual me sentí reflejada infinidad de veces durante su lectura.
..."Otra manera de aprender, se me ocurrió, era tomar como ejemplo a los maestros y profesores que había tenido hasta el momento. Docenas, en mis diecisiete años como alumno.
De un repaso exhaustivo de toda mi cursada en la secundaria deduje que la gran mayoría de los docentes habían pasado si pena ni gloria, sin dejar huellas en mí. De cada año, recordaba algún gran zafador, memorable por su falta de profesionalismo, por la injusticia que ejercía el poder o la facilidad con que rompía los códigos que él mismo había establecido. Entre los más destacados estaban Ríos, el de Educación Democrática, y Pérez, la de Matemática de 2°, famosa por preguntar lo que no explicaba, tomar lo que no sabía y jamás devolver corregidos los exámenes. Pero sin duda el más siniestro de todos era Reyes, el de Contabilidad de 4°, un facho a ultranza que, además de no saber la materia, inventaba las notas con un descaro inapelable, a la vez que contaminaba el cerebro de un grupo de adolescentes inexpertos con ideas políticas extremas sin permitir cuestionamientos ni réplicas.
Sin embargo  también pude rescatar por lo menos un par de profesores que se habían destacado por lo contrario. Me vinieron a la mente la de Castellano de 1°, la de geografía de 2°y la de Historia de 3°.
Esta última nos había cautivado a todos desde el principio, haciendo, de una materia que aburría desde su propio nombre, un sinfín de anécdotas entrelazadas que milagrosamente se correspondían con el programa oficial.
- ¿Qué piensa ud. de Belgrano?
- ¿Qué hubiera hecho ud. en el lugar de San Martín? ¿Cruza los Andes o los espera de este lado? Explique por qué.
- ¿Quién está de acuerdo con el fusilamiento de Dorrego? a ver, levanten la mano. No tengan miedo, digan lo que piensan...
- Ud. es Rosas. Se lo ve muy contento. ¿Qué le pasa?
Sus clases eran un desafío constante. Nos hacía pensar y nos permitía disentir. Leíamos de tanta fuentes como podíamos, aunque sólo fuese para justificar nuestras opiniones. La esperábamos con ganas, y créase o no, lamentábamos si alguna vez faltaba. El timbre solía sorprendernos en medio de fogosos debates que deseábamos continuar, aun a costa de perder el recreo.
Su éxito, hoy me doy cuenta, tenía que ver con su persona, más que con la materia que dictaba. Habría hecho lo mismo con Matemática,, Biología o Francés. Sus clases eran alegres, divertidas, llenas de vida, totalmente acordes con lo sentíamos a esa edad. nos permitía discutir las notas que considerábamos injustas y nos daba un sinfín de oportunidades para recuperar exámenes. Nunca se nos ocurrió que estaba trabajando. por el contrario, parecía disfrutar inmensamente de cada minuto de clase y se la veía feliz de estar entre nosotros..
 En su curso había desorden, sí, pero de trabajo, como ella misma lo explicó con total aplomo a un burócrata del Ministerio de Educación que había venido a observarla. Eran discusiones encarnizadas entre los que consideran a Brown un patriota o un mercenario. O entre los que  veían a Sarmiento como un visonario ejemplar o un vendepatria. No había tema del que no se pudiese hablar. Jamás descalificaba una opinión, tan sólo pedía fundamentos.
Se comportaba como una persona normal y no cambiaba de cara cuando entraba al aula. Era la misma en el curso, en el pasillo o en la Sala de Profesores. Su compromiso era mayúsculo. Hoy me doy cuenta de que, además de hacer que la materia nos gustara, estudiábamos para no defraudarla. Siempre tenía claro lo que tenía que hacer y lo decía con seguridad y cortesía, sin perder el control en momento alguno. No imponía las cosas, solía explicar la razón de su proceder y de las órdenes que impartía, aunque nunca lo sentíamos de esa manera. Algo que me llamaba poderosamente la atención era la forma en que comenzaba la clase: nos daba una suerte de bienvenida y solía contarnos cosas personales , intrascendentes, tal vez, pero que nos ayudaban a conocerla y nos daba la posibilidad de hablar de nuestros gustos, intereses, miedos y ambiciones. Creo que aprendimos a respetarla a partir del mismo respeto que ella mostraba por nosotros.

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